Día 6
Día 6 de 7 6 de junio

Cuando Dios habla a través de alguien, ya te estaba hablando a vos.

Cuidado con el que te dice «Dios me mostró que vos tenés que casarte con fulana». Cuidado. Eso no es de Dios si adentro tuyo no hay nada. Nada. Cero. Nada.

Bueno, el pastor lo contó con una honestidad que hay que agradecer. Le dijeron que se casara con Lilian, que era una chica de su iglesia, y él admitió que nunca la había mirado con ojos de atracción. Pero cuando se lo dijeron, algo se empezó a activar adentro. Y ahí está la diferencia. No fue la palabra del pastor la que lo convenció. Fue que esa palabra despertó algo que ya estaba en él esperando. Dos años después, casados. Hoy su esposa, la madre de sus hijos, su compañera de ministerio.

El principio es este: cuando Dios habla a través de otra persona, por lo general ya te estaba hablando a vos antes. La persona es el confirmador, no el origen. El origen sos vos y Dios. Si alguien te dice algo y en tu corazón no hay absolutamente nada que resuene, ninguna chispa, ningún movimiento, ninguna paz, hermano, eso no es de Dios. O todavía no es el momento. O simplemente no es para vos.

Ahora, el caso contrario también existe. El pastor contó de una mujer que vino a preguntarle si era de Dios que se casara con un hombre casado del que era la amante. Y su argumento era «Dios es amor, y nosotros nos amamos». Ahí está la eiségesis, hermano. Eso es agarrar un versículo y hacerle decir lo que uno quiere. No lo que dice. Eso no es oír la voz de Dios. Eso es usar el nombre de Dios para justificar lo que ya decidiste hacer.

Escuchá bien: para oír la voz de Dios necesitás ser sincero. Solo eso. Sincer. No inteligente, no teólogo, no con años de iglesia. Sincero. Es el golpe al ego más fuerte que existe. Pero es el único camino.

"«Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.»"

Proverbios 3:5–6 · NVI

El pastor también habló de cuando él mismo oyó la voz de Dios de una forma inesperada. Venía del shopping en el auto, un sábado a la noche, y prendió la radio. Sonó una canción: «Levantaré banderas hasta que me muera». Y dice que en ese momento, solo en el auto, sintió algo romperse adentro. «Yo soy ese y no lo estoy haciendo». Nadie le habló. Nadie le impuso nada. Fue él, la radio, y Dios. Eso es todo. Y esa noche tomó una decisión que cambió su vida entera. A veces la voz de Dios llega en un sábado a la noche, solo en el auto, con una canción que no buscabas. Así es Dios.

II Versículo

"«Y tras el terremoto un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Y tras el fuego una voz apacible y delicada.»"

1 Reyes 19:12 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Esta semana, si alguien te dijo algo que quedó resonando, algo que te incomodó, algo que no podés sacarte de la cabeza, no lo descartes todavía. Preguntate: ¿esto confirma algo que ya venía moviéndose adentro mío, o es ruido externo que no tiene eco en mi corazón? Esa diferencia es crucial. Nosotros a veces nos apresuramos a obedecer voces humanas por miedo a quedar mal, y otras veces ignoramos palabras verdaderas porque nos incomodan. Pedile a Dios que te dé discernimiento. Solo eso. Discernimiento y sinceridad. Con eso alcanza.

Dios habló a través de una chiquilina de 19 años en una iglesia un sábado a la noche. Y cambió la historia de un hombre. No subestimes cómo Dios puede hablarte hoy. No subestimes. Es así. Es así.

Emilio
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