Día 5
Día 5 de 7 5 de junio

Dios te habló a través de un burro. No te hagas el sordo.

Hay gente que dice que Dios no les habla. Y yo les digo: hermano, Dios llegó a usar un burro para hablarle a un profeta. Un burro. Si llegó a ese extremo, ¿qué excusa tenés vos?

Mirá, te lo voy a demostrar. La historia de Balaam es una barbaridad de amor divino. Dios quería hablarle a este tipo y como no oía, fue y usó al burro del tipo para hablarle. Literal. Un burro abrió la boca y le dijo, «¿Qué te hice?». Y lo más increíble no es el burro que habla. Lo más increíble es que Balaam le responde. Normal. Como si fuera lo más natural del mundo discutir con su animal.

Ahora, el pastor lo dijo de un modo que me mata de risa y lo voy a repetir porque es verdad: «Abran su red social. Yo tengo en mi muro un montón de burros que hablan». Gente sin formación bíblica, sin contexto, sin humildad, diciéndote cómo vivir tu fe y maltratándote con versículos sacados del aire. Eso también existe, hermano. No todo el que habla fuerte habla de parte de Dios.

Pero acá está la clave: Dios usó todos los medios posibles para comunicarse con la humanidad. Patriarcas, profetas, reyes, gente sencilla, circunstancias, conciencias, y sí, hasta un burro. El afán de Dios por hablarle al ser humano es tan grande que no hay excusa real para decir que nunca lo oíste. Nunca. Es así. Es así.

El problema, como dijimos esta semana, no es de recepción. Es de obediencia. Preferimos el ruido de nuestra mente, de nuestra circunstancia, de nuestro orgullo, antes que esa voz quieta que ya sabemos lo que dice. El mundo te grita. El cielo susurra. Y vos tenés que decidir a quién escuchás.

"«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.»"

Hebreos 1:1–2 · NVI

El pastor contó que una señora de su conocido tiene un hijo ludópata, timbero, que gasta todo en el casino. La mamá, loca de amor por su hijo, llegó a un punto donde le dijo: «No te voy a hablar más». Y fue el silencio de la madre lo que empezó a moverlo. A veces el silencio habla más que un largo discurso. Dios hizo lo mismo con Israel: 400 años sin una palabra. No porque no quisiera hablar, sino porque hay sabiduría en dejar que las consecuencias enseñen lo que las palabras no pudieron. Pero incluso ese silencio era un acto de amor. No abandono. Pedagogía.

II Versículo

"«Entonces el Señor abrió la boca del asno, y ella dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has golpeado estas tres veces?»"

Números 22:28 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy, antes de que termine el día, buscá ese momento de silencio real. No el silencio del celular boca abajo mientras pensás en otra cosa. Silencio de verdad, aunque sean cinco minutos. Y hacete esta pregunta honesta: ¿Qué me está diciendo mi conciencia que yo vengo postergando? No qué querés oír. Qué oís. Porque la voz de Dios ya está ahí. Ya está. Nosotros solemos hacer mucho ruido para no tener que responderle. Pará el ruido. Solo eso. Pará el ruido.

Dios usó un burro. Usó profetas. Usó circunstancias. Usó el silencio mismo. No te va a faltar medio para oírlo. Lo que no puede faltar es la sinceridad de tu parte para escuchar. Es así. Es así.

Emilio
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