Día 7
Día 7 de 7 7 de junio

Ya oíste. Ahora la pregunta es si vas a obedecer.

Esta semana estuvimos viendo cómo Dios habla. Por la conciencia, por la Biblia, por otras personas, por circunstancias, por el silencio mismo. Y si fuiste honesto con cada devocional, ya sabés la respuesta a tu pregunta. No te falta oír. Te falta decidir.

Escuchá bien, hermano. Jesús en el sermón del monte, después de hablar todo lo que habló, remató con algo que muchos pasan por alto. Dijo: al que oye estas palabras y las hace, lo compararé con un hombre prudente. Al que oye y no las hace, con un hombre insensato. Fijate lo que no dijo. No dijo «al que no oyó». Los dos oyeron. Los dos escucharon exactamente lo mismo. La diferencia no estaba en la recepción. Estaba en la decisión.

Y eso te cierra la semana entera. Esta semana hablamos de la voz de Dios. De que ya la oíste. De que Dios habló desde el primer día. De que la Biblia es su voz escrita esperando que la abras. De que hubo 400 años de silencio y cuando volvió a hablar dijo «no temas». De que usó un burro, profetas, personas, canciones en la radio a las 11 de la noche. Todo eso para llegar acá, al domingo, y decirte una sola cosa: ya sabés lo que tenés que hacer. Ya sabés.

Ahora, el problema no es ignorancia. El problema somos nosotros. Y lo digo incluido: somos nosotros que sabiendo lo que está bien, igual elegimos otra cosa. La carne tira fuerte. El orgullo pesa. Las circunstancias gritan. Y la voz de Dios, que no compite, que no se impone, que susurra, queda tapada. Pero nunca se apaga. Nunca. Eso es lo que más me asombra de Dios. No se cansa. Sigue hablando. Sigue esperando.

El pastor habló de su papá. Un hombre bueno, maravilloso, que por años insistía en que al cielo se llega por obras. Y el pastor, pacientemente, doscientas veces en diez años, le repetía el mismo versículo. «Por gracia soy salvo, por medio de la fe». Y llegó el momento en que el papá empezó a perder la conciencia. Y en uno de los últimos lapsus lúcidos, en el auto, camino a una santa cena, el pastor le preguntó: «Papá, ¿por qué te irías al cielo?». Y el viejo pensó. Y dijo: «Porque Jesús fue bueno conmigo y murió en la cruz». Amén, papá. Cerrá la boca. Amén.

Dios habló durante diez años a través de un hijo. Y en el último momento lúcido, el papá oyó. Oyó de verdad. No hay plazo vencido mientras haya vida. No hay.

"«Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.»"

Isaías 55:11 · NVI

"«Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.»"

Hebreos 3:15 · NVI

Hebreos dice que si oyeres hoy su voz, no endurezcas tu corazón. Hoy. No mañana. No cuando se te acomode la vida. No cuando pases esta etapa difícil. Hoy. Porque el endurecimiento no pasa de golpe. Pasa de a poco. Una vez que ignorás la voz, la próxima es un poco más fácil ignorarla. Y después un poco más. Y después ya ni la escuchás. No porque Dios dejó de hablar. Sino porque el corazón se fue poniendo duro sin que te dieras cuenta. Como el pasto en verano que se reseca de a poco hasta que ya no hay verde. Cuando llueve, vuelve. La palabra de Dios es esa lluvia. Isaías dice que no vuelve vacía. Dará fruto. Logrará todo lo que Dios quiere. Prosperará en todos los lugares donde Dios la envíe.

II Versículo

"«A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca.»"

Mateo 7:24 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy, al cerrar esta semana, hacé una sola cosa. Una. Agarrá lo que sabés que Dios te viene diciendo, eso que tu conciencia repite y vos callás, eso que leíste en la Biblia y hiciste como que no viste, esa conversación que alguien tuvo con vos y resonó demasiado para ser coincidencia. Agarralo. Y decile a Dios, en voz alta si podés, aunque te parezca que hablás solo: «Señor, desde hoy te obedezco en esto. Ayudame a tener fuerzas para hacer lo correcto». Nosotros no llegamos lejos solos. Nunca llegamos lejos solos. Pero con esa decisión tomada y declarada, el Espíritu Santo sella algo. Y aunque te caigan encima las circunstancias, esa palabra que declaraste te va a sostener cuando no tengas más nada.

Dios habló el primer día. Habló en el desierto. Habló después de 400 años de silencio. Habló a través de un burro y de una canción en la radio y de una chiquilina de 19 años y de un hijo que repitió el mismo versículo doscientas veces. Y te está hablando a vos hoy. Hoy. No endurezcas el corazón. No endurezcas el corazón. Es así. Es así.

Emilio
1
0

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Tu comentario será revisado antes de publicarse.

L 1 M 2 M 3 J 4 V 5 S 6 D 7
5 min