Día 2
Día 2 de 7 26 de mayo

El problema nunca fue la semilla. El problema es el terreno.

Dios siembra la misma palabra en todos. Lo que cambia no es lo que recibís, sino el estado del corazón con que lo recibís.

Escuchá bien esto. La parábola del sembrador no es una historia sobre cuatro tipos de personas distintas. Es una historia sobre el mismo sembrador, la misma semilla, y cuatro terrenos diferentes. Dios no reparte palabras de primera y de segunda. A todos nos llega lo mismo. Lo que determina el fruto es el corazón.

Ahora, Jesús describe cuatro situaciones. El camino endurecido, donde la semilla ni entra. Las piedras, donde brota pero no tiene raíz. Los espinos, donde crece pero se ahoga con el afán del mundo. Y la buena tierra, donde da fruto al treinta, al sesenta, al ciento por uno.

Fijate algo importante: tres de los cuatro terrenos fracasaron. Tres. Solo uno produjo. Y el Señor nos dice que nosotros podemos ser cualquiera de los cuatro. No nacemos en buena tierra automáticamente. El corazón hay que trabajarlo, limpiarlo, cuidarlo. Todos los días.

Pablo dice que hay que crucificar la carne con sus pasiones y deseos. Y cuando habla de pasiones, no solo habla de tentaciones sensuales. Habla de la tentación de enojarte y quedarte enojado. De quejarte. De desanimarte. De compararte. Esas también son pasiones carnales que endurecen el terreno. Es así. Es así.

Entonces, ¿cómo limpiás el terreno? Con amor, con renuncia y con humildad. Esas tres cosas. No es complicado, pero cuesta. Y por eso hay que trabajarlo como el corazón: todos los días, como te lavás la cara. No una vez por semana. Todos los días.

"'Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.'"

Gálatas 5:24 · NVI

Un pastor amigo, Darío, vivió años en Guatemala. Un día su vecino empezó a construir una casa y sacó un montón de tierra para los cimientos. Tierra espectacular, húmeda, oscura. Darío la pidió para sus planteras. La cernió, le sacó las piedras, las malezas, los plásticos, los vidrios. La limpió. La puso en la plantera, sembró, y la cosecha fue increíble. Tomates, lechugas, todo. Vino un pastor y le dijo: '¿Qué tierra es esta?' Y Darío entendió algo que nunca olvidó: para que haya buen fruto, la tierra tiene que ser limpiada y tratada. No te olvides que esa tierra sos vos. Es tu corazón y el mío.

II Versículo

"'Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.'"

Mateo 13:23 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy fijate en una sola cosa que endurece tu terreno. Una sola. ¿Es el enojo que cargás hace días? ¿Es la queja constante? ¿Es la comparación con alguien que parece que le va mejor? Nombrala. No la justifiques. Nosotros somos expertos en justificarnos, el corazón es engañoso, dice la Biblia. Nombrala y llevásela a Dios. Ese es el primer movimiento de limpieza. Hacelo hoy.

La semilla no es el problema. Nunca lo fue. El terreno es tuyo. Y vos podés trabajarlo.

Emilio
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