Gozo no es que todo esté bien. Gozo es que Dios está en control aunque todo esté mal. Son dos cosas completamente distintas, y confundirlas te va a dejar siempre esperando condiciones que nunca llegan.
Escuchá bien. Hay una diferencia enorme entre alegría y gozo. La alegría depende de las circunstancias. El gozo no. La alegría sube cuando hay trabajo, cuando hay salud, cuando los hijos están bien. El gozo es otra cosa. El gozo es el fruto del Espíritu. Y el fruto no se fabrica, se cultiva. Se cultiva en la tierra de la adversidad.
Muchos de ustedes terminaron el año pasado con situaciones difíciles. Y ese problema no desapareció el 1 de enero. El que estaba enfermo, seguía enfermo. El que tenía deudas, seguía teniéndolas. El 31 de diciembre no es magia. Pero sí es una bisagra mental. Es el momento donde vos decidís con qué lente vas a mirar lo que viene.
Ahora, te lo digo directamente: el gozo cristiano no es negación de la realidad. No es decir "todo está bien" cuando todo está mal. No, no, no. Es más profundo que eso. Es decir, "esto está difícil, y Dios sigue siendo Dios." Es la convicción de que hay un hilo de historia que Él está tejiendo, y ese hilo no se corta con una mala racha.
El mundo te dice, apúrate, resolvé, controlá. Dios te dice algo distinto. Te dice, confía. Y esa confianza no es pasividad, hermano, es la base desde la cual actuás sin ansiedad. Hay una diferencia enorme entre actuar desde el miedo y actuar desde la fe. El resultado puede ser el mismo movimiento externo, pero lo de adentro es completamente distinto.
""Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.""
Filipenses 4:7 · NVIPablo dice en Filipenses algo que parece un disparate: "me gozo", "con gozo", "gozaos", "me gocé." La palabra gozo aparece tantas veces en esa carta que los teólogos la bautizaron con ese nombre. Pero lo que más llama la atención no es cuántas veces aparece, sino desde dónde la escribe. Desde la cárcel. Desde el encierro, desde la incertidumbre, desde la amenaza de muerte. Y no era un gozo forzado, de esos que uno pone cara de que todo está bien cuando adentro está destrozado. Era un gozo fundamentado. Pablo decía, "miren, yo estoy preso, pero la palabra de Dios no está presa. Yo llegué al pretorio, prediqué a gente importante, el evangelio se expandió." Su gozo tenía raíces. Las raíces no se ven, pero sostienen el árbol cuando viene el viento.
""Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os digo: ¡Regocijaos!""
Filipenses 4:4 · NVI¿Qué hacés con esto? Hoy, cuando aparezca esa situación que te saca el gozo, hacé una pausa. Solo una pausa. Y preguntate: ¿esto cambia quién es Dios? No. ¿Esto cambia lo que Él prometió? No. Ahora actuá. Pero actuá desde ahí, no desde el pánico. Nosotros podemos practicar esto juntos, de a poco, de a una situación por vez. No es que te pido que seas un robot sin emociones. Te pido que ancles tus emociones en algo que no se mueve.
El gozo no es la ausencia de tormenta. Es saber que el que duerme en la barca en medio de la tormenta también tiene autoridad para calmarla. Eso es lo que tenés. Eso es lo que tenés.
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