El lugar más peligroso en el que puede estar un creyente no es la adversidad. Es la comodidad espiritual. Creer que ya llegaste es el principio del estancamiento.
Mirá, hermano, te lo voy a demostrar. El apóstol Pablo, el coloso de la fe, el hombre que plantó iglesias en tres continentes, que escribió la mitad del Nuevo Testamento, que predicó en el pretorio romano, ese hombre dijo algo que te tiene que sacudir: "Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado." Pablo. No vos, no yo. Pablo.
Ahora, ¿qué significa eso para nosotros? Significa que el crecimiento cristiano no es un destino al que se llega un domingo y se festeja. Es un proceso. Muchas veces lento. Muchas veces tedioso. Y en un mundo del ya, del ahora, del pedido ya, llame ya, pague después, el Señor te dice algo distinto: bajá los decibeles, hermano. Las cosas que valen la pena requieren de proceso.
Y acá viene la tensión real. Hay dos tipos de personas que necesitan escuchar esto hoy. Están los que dicen "ya llegué", que se quedaron cómodos con lo que lograron espiritualmente, que no tienen hambre de crecer, que ya saben todo. Y están los que dicen "yo sé que no llegué, pero tampoco estoy intentando avanzar." Los dos están en el mismo lugar peligroso. Los dos están quietos. Y Pablo no nos llama a quedarnos quietos. Nos llama a proseguir.
La palabra clave de esta semana es esa: proseguir. No es correr frenético. No es ansiedad espiritual. Es tener la sana ambición de parecerte más a Cristo hoy que ayer. Eso es todo. Eso es el lema. Desafiados a más.
""Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.""
Filipenses 1:6 · NVIPablo escribe la carta a los Filipenses desde la cárcel. No desde un retiro espiritual, no desde una conferencia, desde una celda. Y les escribe para alentarlos. Él estaba peor que todos ellos y les decía, "miren, todo lo que me está pasando redundó para bien, porque llegué a lugares donde jamás hubiera podido llegar de otra manera." Llegó al pretorio, a los cónsules, a la gente de influencia. El encarcelamiento fue su plataforma. ¿Y qué hizo desde ahí? No se quejó. No reclamó. Escribió una carta llena de una sola palabra: gozo. Los teólogos le llaman a Filipenses "la carta del gozo". Y fue escrita desde el peor momento del apóstol. Eso no es casualidad. Eso es una enseñanza.
""No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.""
Filipenses 3:12 · NVI¿Qué hacés con esto? Hoy, antes de arrancar la semana, hacete una sola pregunta: ¿en qué área de mi vida dejé de intentar parecerme más a Cristo? No en qué área fallé, eso lo sabemos todos. Sino en qué área dejaste de intentarlo. La familia, el trabajo, las palabras que usás, cómo reaccionás cuando algo sale mal. Elegí una sola área. Una cosa hago, dijo Pablo. No diez. Una. Y empezá ahí. Nosotros no buscamos perfección instantánea, buscamos dirección constante.
Dios no terminó su obra en vos. No la terminó. El que comenzó la buena obra la va a perfeccionar. Eso no es una frase linda para bordarse en un almohadón, es una promesa activa. Proseguí. Proseguí.
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