Día 4
Día 4 de 7 21 de mayo

Propósito: esa cosa que cambia hasta cómo abrís el almacén.

La mayoría de nosotros vivimos en automático y ni nos damos cuenta. Salís, trabajás, volvés, ves la serie, dormís, repetís. Y en algún momento, a los 60 y pico, te preguntás para qué fue todo eso. Bueno, Pablo tenía una respuesta para eso. Y no era complicada.

Mirá, te voy a ser honesto. Esta parte de la prédica me llegó fuerte porque me describió. Y creo que a muchos de nosotros nos describe más de lo que queremos admitir.

Hay una rutina que nos come la vida sin pedir permiso. Levantarse estresado, el tráfico, el café que no disfrutás porque lo tomás para sobrevivir el día, ocho horas con gente que a veces ni conocés bien, volver a casa, desconectarte con la serie, dormirte, y al día siguiente lo mismo. Durante treinta años. Y cuando finalmente te jubilás y podés descansar de verdad, el cuerpo ya no te da. Los mejores años quedaron en esa rutina muerta.

¿Para qué, hermano? ¿Para qué si no hay propósito detrás?

Ahora, acá viene lo importante. Propósito no significa que tenés que renunciar al trabajo y irte a misiones a la selva. No, no. Propósito es el lente con el que mirás lo que ya estás haciendo. Es la diferencia entre vender arroz y fideos, y hablar de Cristo a las personas que pasan por tu almacén. Es la misma actividad. Es un lente completamente distinto.

Y ese lente cambia todo. Cambia cómo tratás al cliente difícil. Cambia cómo hablás con el compañero de trabajo. Cambia hasta cómo abrís la computadora a la mañana. Porque no abrís la computadora, abrís tu plataforma de influencia. Gente, eso no es exageración. Eso es lo que Pablo quería decir cuando hablaba de proseguir la meta.

""Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.""

Mateo 6:33 · NVI

Había un almacenero, un señor de Lambaré, que tenía un pequeño almacén toda su vida. Vendía azúcar, arroz, fideos, lo de siempre. Y un día le mostró al pastor una libretita ajada, de esas que ya casi no se pueden doblar de tanto uso. Adentro había nombres y fechas. Fulano, 4 de octubre de 1972. Mengano, 6 de abril de 1973. Tres mil nombres. Tres mil personas a las que ese hombre les había hablado de Cristo, uno a uno, mientras les despachaba la mercadería. "Pastor", le dijo, "la gente no viene a comprar azúcar. Yo no estoy vendiendo azúcar. La excusa es vender productos. Lo que hago es predicar de Cristo." Ese hombre no tenía un ministerio famoso. No tenía redes sociales. Tenía una libretita y un propósito. Y eso le daba gozo abrir el almacén cada mañana. Eso le daba gozo. ¿Vos entendés lo que te estoy diciendo?

II Versículo

""Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.""

Filipenses 1:21 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy, antes de empezar tu jornada, preguntate una sola cosa: ¿para qué voy a donde voy? No cómo vas a llegar, no qué vas a hacer. Para qué. Y si la respuesta es solo "para pagar las cuentas", está bien, eso es real, no te voy a decir que no importa. Pero agregale una capa. ¿A quién podés servir hoy? ¿A quién podés mostrarle algo del carácter de Cristo con tu forma de tratar, de responder, de estar presente? Nosotros tenemos eso disponible todos los días. Todos los días.

El almacenero de Lambaré no cambió de trabajo. Cambió de propósito. Y eso lo cambió a él. Vos también podés hacer eso hoy. Mismo lugar, mismo trabajo, mismo tráfico. Diferente lente. Diferente vida.

Emilio
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